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miércoles, 31 de agosto de 2016



¿Os acordáis de aquellas “lecturas obligatorias” que nos hacían leer algunos profesores cuando íbamos al colegio, incluso al instituto? Raro era el año que no tenía para leer al menos uno o dos libros durante el curso, aunque me imagino que a todos nos ha ocurrido igual. Recuerdo que, aunque leyéramos el libro en casa por nuestra propia cuenta (yo lo hacía), en clase leíamos los capítulos en voz alta para comentarlos y, aunque a algunos podría parecerle un pelmazo, a mí me encantaba.

A día de hoy, aún puedo recitar de memoria los libros que tuve que leerme tanto en la E.S.O. como en el Bachiller (incluso yo misma me sorprendo de mi memoria). He de admitir que algunos ya los conocía, como «El niño con el pijama de rayas» que me tuve que leer con catorce años. Pero, había otros que desconocía y esas “lecturas obligatorias” –lo pongo entre comillas porque, aunque se le llamen así, yo no me sentía obligada a leerlas– me ayudaron a conocerlos, como por ejemplo, el libro que os traigo hoy.

«El retrato de Carlota» es el segundo libro de una trilogía de Ana Alcolea. El primero que conforma esta pequeña serie es «El medallón perdido» y el último, «Donde aprenden a volar las gaviotas». Y os preguntaréis, ¿por qué nos hablas del segundo y no del primero? Pues, básicamente porque yo comencé la lectura de estos libros por el que os comento. Necesariamente, no hay que establecer ningún orden a la hora de leerlos, porque trata temas totalmente diferentes. Aunque es cierto que hay breves detalles que enlazan un libro con otro, pero son tan ínfimos que quizás ni los necesitemos. Mas, si queréis seguir el orden, es totalmente justificado, pero no temáis si, por ejemplo, queréis comenzar con la historia de Carlota.

He de admitir que a mí lo que más me gustó de este libro, aparte de su historia, era dónde está ambientando: en Venecia. Pero no en una época cualquiera: en Carnavales. Todo el mundo conoce la fama que tienen los Carnavales y, por lo que he podido descubrir leyendo diversas opiniones, el de Venecia es uno de los que hay que estar al menos una vez en la vida. Además, Ana es capaz de trasladar al lector a la Plaza de San Marcos, hacerle vivir el carnaval desde allí y eso, simple y llanamente, me hizo atesorar este libro como si de una pequeña joya se tratase.

Pero, no todo en el libro va sobre el Carnaval de Venecia, al cual Carlota, nuestra protagonista, va de vacaciones para pasar las mismas junto a su tía Ángela, una novelista que vive en un antiguo palacio de la ciudad italiana. Las páginas de este libro encierran el misterio de la bisabuela de Carlota, que casualmente se llama como ella, y murió en extrañas circunstancias, las cuales nunca se han llegado a saber con exactitud.

¿Todavía no os ha entrado el gusanillo de la lectura? Porque, a mí me están entrando ganas de volver a leerme el libro de nuevo y eso que lo tengo ya casi gastado de las veces que me he sumergido en su historia. Pero es que, aunque resuelvas el misterio al final del libro, siempre hay un motivo que te hace volver a leerlo, volver a vivir la experiencia de estar buscando un misterio o un fantasma durante los Carnavales de Venecia.

Cierto es que suelo leer pocos libros de autores españoles contemporáneos, pero, sin lugar a dudas, cualquier libro de Ana Alcolea es digno de ser conocido. Nada más os digo, sólo que os adentréis en los canales de Venecia, lupa en mano, para acompañar a Carlota, Ángela y el resto de personajes en esta misteriosa aventura. 


lunes, 15 de agosto de 2016



He de reconocerlo: John Green me ha inspirado con sus libros. Todos y cada uno de los que he leído. Primero, me hizo llorar con «Bajo la misma estrella». Después, me hizo reír y estar en vilo con «Ciudades de papel». Y, al leerme «El teorema Katherine» y «Buscando a Alaska», he llegado a una conclusión: Green es uno de estos escritores que nunca voy a dejar de leer, porque, o bien te hace llorar o te hace reír de la emoción. Aunque no es mi escritor favorito, bien podría serlo. Sus frases sabias hacen que sus libros tengan más sentido. 




«Ciudades de papel» no fue el libro por el que conocí a este gran autor, pero bien podía haberlo sido. Cuando leí «Bajo la misma estrella», justo en el momento del «boom» de esta obra, pensé que, si todos sus libros eran de esa manera, no volvería a leer ninguno más. Sin embargo, el siguiente en encandilarme con su aura de misterio y su grado de humor, fue «Ciudades de papel».

Además de emocionarme con cada palabra que Green ha plasmado en este libro, y en todos los demás, me ha enseñado más que ningún otro autor. No os voy a recomendar este libro por que a mi me ha gustado, sino por lo que aprendes cuando lees alguna obra de Green. 

Antes de seguir comentado más sobre este libro, voy a hacer un paréntesis. Sé que muchos rehúsan de leer alguna obra de Green porque el libro que lo hizo famoso fue «Bajo la misma estrella». La mayoría de las personas que no pretenden leerlo, estoy segura que te dicen: «no voy a leer un libro sobre cáncer». Pero ahí está el problema: no va sobre cáncer. Al menos, no del todo. Sí, la protagonista tiene cáncer. Pero, ¿no es esa la realidad? Por desgracia, esa enfermedad existe. Y ese libro me demostró la fortaleza que puede llegar a tener una persona, luchando contra esa horrible enfermedad que se lleva a tantas personas. Si no queréis leeros «Bajo la misma estrella», perfecto, no os voy a juzgar. Pero no pongáis ese tipo de excusas. Aún así insisto: no solo va de cáncer. Merece la pena leerlo por la lección que da.

«Ciudades de papel» es todo lo contrario a «Bajo la misma estrella». Aunque coincide en bastantes cosas, éste tiene un tono de humor, y no es para estar todo el tiempo emocionándote por lo que ocurre. Es, por así decirlo, «más tranquilo». Sin embargo, lo que me atrajo no fue que fuera el mismo escritor, porque no quería estar todo el tiempo con los vellos como escarpias. Lo que me impulsó a leerlo fue el aura de misterio que conlleva ese libro. Te haces una sola pregunta durante todo el libro: ¿dónde está Margo? Te metes tanto en la trama, que, al final, acabas siendo Quentin y estás desesperado por encontrar una pista de la desaparición de Margo Roth Spiegelman. Y, así, encontrarla a ella.

Esta obra está llena de misterio. En cuanto Margo desaparece, piensas: ¿por qué se ha ido? Y, entonces, es cuando te das cuentas que quieres entender el por qué de la desaparición, y, además, entender a Margo y sus razones para marcharse de la comodidad de su casa.

Aunque no recuerdo cuando leí este libro (creo que fue hace dos veranos), puede que sea el libro que ha permanece en mi mente. No evoco todo, con exactitud, lo que ocurre en esta obra, pero si recuerdo bastantes partes. Probablemente, mi parte preferida sea cuando Quentin encuentra una pintada en una pared con las palabras:  «IRÁS A LAS CIUDADES DE PAPEL Y NUNCA VOLVERÁS». Aunque es la parte en la que le da sentido al libro, no fue por eso por lo que se convirtió en mi parte preferida. Y es que es, en ese momento, donde comienza el real misterio del libro.


Hasta que no leí le libro, no sabía que significa «ciudades de papel». Me gustaría saber cómo se le ocurrió a Green hacer un libro sobre las ciudades de papel. No, el libro no es muy elaborado, porque el escritor no es Georger RR Martin, pero es curioso que se le ocurriera una historia a partir de las ciudades de papel.

Al enterarme que iban a hacer una adaptación cinematográfica, me emocioné muchísimo. Y, después de que confirmaran que Cara Delevingne iba a interpretar a Margo, me puse mucho más contenta. Cara tiene ese estilo salvaje que identifica a Margo. Y me gustó bastante cuando la vi representar a este personaje tan peculiar. Fue, sin lugar a dudas, la que más destacó en la película. Que Margo tuviera una personalidad parecida (sino igual) a la suya le hizo el trabajo mucho más fácil.



Espero que leáis este libro. Y también espero que encontréis vuestro milagro. Porque, como bien dice John Green al principio del libro: «Supongo que a cada quien le corresponde un milagro».